jueves, 9 de mayo de 2019

4 Burlington St.


Había sido mi casa durante más de dos años. Y solía observarlo con un resto de tristeza desde la ventana del pub de Halfpenny. Desarbolado, sobre aquel varadero junto al Támesis, no era más que un cadáver. Me había quedado sin barco.

Así que no dudé un instante en presentarme aquella mañana bien temprano en el 4 de New Burlington.
—Soy el señor Shackleton —me dijo—. Siéntese.
Y comenzó a detallarme el objeto del viaje.
Acepté de inmediato. Entonces, me estrechó la mano con fuerza y me miró directamente a los ojos.

Buscando unos peniques en el bolsillo del chaquetón para pagar mi última cerveza antes de zarpar, me topé con el recorte de papel que me había llevado hasta aquel muelle.
Volví a leerlo lleno de entusiasmo.
“Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío penetrante, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, escasas posibilidades de regresar con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.”


1 comentario:

  1. ¡Eso es! Este es el auténtico espíritu aventurero que reclama el concurso. Sí, señor.

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